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Hay una muy buena banda que acabo de descubrir recién ahora, aunque lleva tocando desde mediados de los noventa. Se llama Switchfoot, y muchos la catalogan como una “banda cristiana”, aunque ellos dicen ser “cristianos por su fe, no por su género musical”. Recientemente, me encontré con un texto escrito por el cantante, Jon Foreman, en el que responde a la pregunta crítica de si son realmente una banda cristiana o no. Me pareció una perspectiva interesante, así que ahí va la traducción:

Jon Foreman, de Switchfoot, responde a la pregunta de si son o no una banda cristiana

Para ser honesto, esta pregunta me duele porque siento que representa un problema mucho más grande que unas simples canciones de Switchfoot. A modo socrático, déjame hacerte algunas preguntas: ¿mencionan Lewis o Tolkien a Cristo en alguna de sus obras? ¿son cristianas las sonatas de Bach? ¿qué parece ser más cristiano, alimentar a los pobres, hacer muebles, limpiar baños, o pintar un amanecer? Existe un cisma entre lo sagrado y lo secular en nuestras mentes modernas.

La idea de que un pastor es más “cristiano” que un entrenador de voley femenino es incorrecta y herética. La postura de que un líder de adoración es más espiritual que un conserje es condescendiente y equivocada. Estos distintos llamados y propósitos demuestran aún más la soberanía de Dios.

Muchas canciones son dignas de ser escritas. Switchfoot escribirá algunas de ellas, Keith Green, Bach, y quizás tú mismo han escrito otras. Algunas de estas canciones son sobre la salvación, otras sobre un amanecer, y otras sobre nada en particular: escritas por el simple hecho de disfrutar de la música.

Ninguna de estas canciones ha nacido de nuevo, y en ese sentido no existe tal cosa como la música cristiana. No, Dios no vino y murió por mis canciones, él vino y murió por mí. Sí, mis canciones son parte de mi vida. Pero a juzgar por las escrituras puedo concluir que nuestro Dios está mucho más interesado en cómo trato a los pobres y a los dolidos y a los hambrientos que en los pronombres personales que uso cuando canto. Soy un creyente. Muchas de mis canciones hablan de esta fe. Pero una obligación de decir esto o hacer aquello no se parece a la gloriosa libertad que Cristo me regaló al morir.

Sin embargo, sí tengo una obligación, una deuda que no puede ser pagada con mis decisiones líricas. Mi vida será juzgada por mi obediencia, no por mi habilidad para ubicar mis letras dentro de unos u otros límites.

Todos tenemos distintos llamados; Switchfoot intenta ser obediente a lo que fuimos llamados a ser. No intentamos ser Audio A, U2, POD, o Bach: intentamos ser Switchfoot. Verás, una canción que contiene la palabra “Jesucristo” no es ni más ni menos “cristiana” que una pieza instrumental. (De hecho, he escuchado a mucha gente decir Jesucristo y ni siquiera estaban hablando de su salvador.) Jesús no murió por ninguna de mis canciones. Así que no hay una jerarquía de vida o canciones o trabajo; solo de obediencia. Todos hemos sido llamados a tomar nuestra cruz y seguirlo. Podemos estar seguros de que nuestros caminos serán distintos para cada uno de nosotros. Así como tienes un solo cuerpo y cada parte de él tiene una función distinta, del mismo modo en Cristo, todos nosotros, que somos muchos, formamos un único cuerpo y cada uno le pertenece a todos los demás. Por favor, no seas rápido para juzgar a los “hermanos” que tienen un llamado distinto.

 

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Holy Molly! Qué buena que está Stranger Things. Hacía mucho que una serie no me producía esas ganas de que llegue la noche para ver tres o cuatro capítulos al hilo antes de irme a dormir. Un grupo de amigos aventureros, una conspiración gubernamental para ocultar eventos paranormales, un caso por resolver, una nena con poderes, humor, suspenso. Todo basado en los ochentas y en un pueblo de mala muerte. Sí, está llena de clichés, ¿pero a quién le importa? La atmósfera me lleva a mis diez años, a volver a ver una película de Steven Spielberg por primera vez, mientras que la historia tiene elementos que me recuerdan un poco a mis queridos X-Files. Como suele pasar con las primeras temporadas, ocho capítulos me quedaron cortos. ¿Y ahora qué miro?

Enganché una película —después supe que se llamaba Ex Machina— que me llamó la atención. No tenía intenciones de verla, pero justo había un diálogo entre un flaco que decía ser un programador avanzado y una chica que claramente era un robot. El programador parecía estar aplicando el test de Turing, y de paso enamorándose de ella. Además hablaban de un segundo y gran programador, un tal Nathan. Y ya con eso la película captó mi atención. Igualmente, enseguida pintan a Nathan como el villano de la película. En el medio aparecen algunas reflexiones sobre la inteligencia artificial, y su evolución. En fin: no es para volverse loco, pero es buena. Otras películas que exploran la misma temática pueden ser Yo, robot y Her.

Me enganché con esta banda: Weezer. Sus canciones más pavotas me parecen divertidas, pero también tienen temas más profundos o interesantes. De los primeros, se pueden mencionar Buddy Holly, Undone, Perfect Situation y Troublemaker, y de los segundos Do You Wanna Get High?, Say It Ain’t So, y Hold me.

Interesantemente, el disco Make Believe, que fue el que tuvo peor recepción entre sus seguidores, es el que a mí más me gustó. En Perfect Situation, un tema pegajoso, aparece una pregunta existencial. También, en la power balada Hold Me hay un pedido melancólico: “Eres alto como una montaña, profundo como el mar. Abrázame”. Finalmente, otros temas del disco contienen reflexiones interesantes: “Nunca pensé que podía haber alguien más importante que mis planes”.

Update (28/05/2016): Me corrijo. El disco que más me gustó hasta ahora es el último: The White Album.

Escuchá mi playlist en Spotify: Lo mejor de Weezer

Disclaimer: Este artículo se escribió en abril de 2014, y utiliza cifras y suposiciones basadas en la situación argentina de ese momento. Muy probablemente, en el lapso de un año (o menos) la información de este texto haya quedado obsoleta.

Hace unos días debatía con alguien acerca de la posibilidad o imposibilidad que tiene un joven de irse a vivir solo, hoy en día, en Argentina.

No nos pusimos de acuerdo. Ella consideraba que con un sueldo de unos $7000 pesos —y una buena administración de los gastos— es perfectamente posible mudarse a un departamento y vivir independientemente. Yo opiné que, teniendo en cuenta los gastos básicos, ese dinero no sería suficiente. Pero después de revisar algunos números creo que, a fin de cuentas, la respuesta se encuentra a mitad de camino entre las dos opiniones.

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