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Hola.

Me encontré con esta columna de Anne Lamott y pensé que no estaría mal traducirla al castellano. No le escribí a Anne para pedirle permiso (tampoco encontré su mail), pero asumo que no será un problema.

Cómo ser un escritor

La semana que viene voy a hablar en una conferencia de escritura, y se supone que debo dar una charla alentadora, orientada a escritores desesperados. Pero las esperanzas con las que se van la mayoría de los estudiantes de estas conferencias es una ilusión tóxica, porque los alimenta de mentiras: que serán publicados, que el éxito del mundo editorial mejora la vida de la mayoría de la gente, que miles de escritores independientes están ganando muy bien. Así que creo que esta vez no puedo escribir mi discurso: estaría mintiendo. No puedo dejar de imaginar a Holden Caulfield ahí arriba, o a Peter Finch de Network dando un discurso; creo que prefiero quedar como alguien malhumorado y delirante, como una profeta del Antiguo Testamento con síndrome premenstrual, antes que confabular con el gran palacio de mentiras que son casi todas las conferencias de escritura.

Pero tengo que encontrar algo que decir. Podría distraerlos con un análisis de mis problemas personales durante un buen rato. Esta es la cuestión, según yo la veo: he enseñado por una docena de años, y me he encontrado con que muy pocos estudiantes realmente quieren escribir. Quieren ser publicados, quieren ser famosos, pero no escribir. Lo ven como el gran pelo en la sopa. Es como si te dijeran “por favor, no me molestes”. Así que la mayoría de la gente no viene a estas conferencias para escuchar a los escritores hablar sobre cómo la escritura puede enseñarte a prestar más atención y abrir tu corazón, ayudarte a tomar conciencia del sufrimiento humano y, de hecho, aprender a ser parte de la solución. Cuando dices cosas como estas, te miran como pensando “Muchas gracias por compartir tu experiencia, pero una agente que está aquí dice que quiere leer mi novela… estúpida arrogante”.

Si en lugar de hablar del éxito de escribir hablas sobre el proceso y viaje de hacerlo, te ganas una reputación. Un grupo muy entusiasta de más o menos diez personas asistirá a alguna de tus charlas. Serán los más raros, los especiales, y tomarán notas a mano en letras pequeñas y crípticas como las del manifiesto Unabomber. Pero cuando los editores y agentes dan una charla sobre márgenes de ganancia o cartas de solicitud, todos los 250 estudiantes asisten.

Siempre termino con una sensación de culpa en las conferencias de escritura porque sé que la mayoría de los asistentes no conseguirán ser publicados, y nadie parece querer decírselos. He escuchado que solo el uno por ciento de los escritores que asisten consigue que le publiquen un libro. ¡El uno por ciento!

Además, creen que si consiguen ser publicados tendrán asegurada una vida maravillosa. Resultará que en el fondo son personas muy valiosas y desde entonces tendrán muchísimo dinero, y gente genial como Ethan Hawke los visitará todo el tiempo. Pero eso es mentira. Ser un autor publicado los hará desear volver a ser tan enfermos mentales como lo son ahora. Verán sus niveles de duda, obsesión y autodesprecio como los viejos buenos tiempos. Honestamente.

Escribir todos los días, practicar, mejorar, intentar dar esperanza o luz a la gente o al menos hacerla reir, es una forma estupenda de pasar el resto de tu vida. Para un escritor, es ahí donde está el verdadero tesoro. Pero la gente en estas conferencias me escucha decir cosas como éstas, y comienza a ponerse hostil y ansiosa porque creen que les voy a hacer perder la charla sobre márgenes de ganancia.

Una de mis mejores amigas acaba de publicar su segunda novela. Obtuvo algunas críticas maravillosas, y vendió alrededor de 20 copias. Es una escritora genial. Esto es lo que dijo hace unos días: “Publicar un libro es como ser una niñita vestida para la fiesta con tu mejor vestido y tus zapatos negros más brillantes, totalmente ansiosa y emocionada. Y luego golpear la puerta donde crees que es la fiesta, solo para descubrir que allí no hay ninguna fiesta.

“Pero Dios; amo ser escritora”.

Es decir: realmente creo que toda la gente que asiste a las conferencias de escritura debería dedicarse a escribir por el resto de sus vidas. Pero también quiero recordarles el viejo chiste del león que está balanceando un ratoncito frente a sus ojos, y se burla de él diciendole “Eres la criatura mas débil y patética que he visto”. Y el ratón mueve su cabeza y le responde: “Es que he estado enfermo”.

Algunas de las personas más degradadas que conozco son escritores cuyos libros fueron publicados, y no tuvieron éxito. Yo fui uno de ellos. Fui uno de los que tuvieron la suerte de poder intentar escribir otro libro, y la escritura —disciplina, prestar atención, preocuparse— me salvó, hasta el próximo libro.

Con cinco libros en mi carrera, finalmente comencé a cobrar decentemente. Ahora me está yendo bien. La pequeña Annie por fin está feliz.

Así que creo que la semana que viene voy a dar el siguiente discurso: date por vencido (así comenzaré). Vuelve a tu casa, cria tus hijos, vacuna tus mascotas, y termina tu trabajo diario. No hay nada para ti en este lugar. O en todo caso, lo que estás buscando no se encuentra aquí. Varios de estos agentes y editores están haciéndote creer que están desesperados por leer tus novelas, porque saben lo mucho que deseas ser publicado. Pero conozco una agente local que está recibiendo 100 obras no solicitados por semana. Va a las conferencias y aparenta estar ansiosa por que le envíes tus textos. Pero no lo está; te está subestimando. No puede evitarlo, es una agente. Y está disfrutando de unas lindas vacaciones en esta conferencia, entre tanta belleza natural.

Por lo tanto escucha a los agentes y editores si quieres, pero no dejes que te hagan sentir como un perrito necesitado.

Ellos no tienen nada que tu necesites. Y la verdad es que probablemente tu tampoco tengas nada de lo que ellos buscan. Hay una buena chance de que el material en el que estuviste trabajando durante tanto tiempo no sea algo que ellos quieran o puedan vender, ni algo que te vaya a convertir en un escritor interesante ni famoso como Amy Tan.

No estoy tratando de decir que no tienes talento… o espera, quizás sí estoy diciendo eso. Déjame pensarlo un segundo. Sí, eso es lo que realmente estoy diciendo. Es muy posible que no tengas un gran talento. Para mí eso no sería un problema. ¡Escribe de todos modos! Pero apuesto —y esta es solo una suposición— a que es un problema para ti. Sé que desesas desesperadamente que uno de nosotros, los profesores, lea tu obra y se apresure a encontrar un fax para enviarle las primeras 20 páginas de tu novela a Sonny Mehta antes de las conferencias de ventas. Pero Sonny Mehta no las quiere. No me lo dijo personalmente, pero sé que es así, porque he leído algunas de sus páginas y ni siquiera yo las quiero; yo, que soy una cristiana profundamente codependiente. Créeme: si yo no las quiero, Sonny Mehta tampoco.

Deberías trabajar en tus novelas igualmente. Hay pocas mejores maneras de vivir la vida. Y todo lo demás —agentes, publicación, ventas— es una carrera de ratas*, y como dijo Lily Tomlin, el problema con triunfar en una carrera de ratas es que sigues siendo una rata.

¡No quieres ser una rata! Así que no seas obsecuente con los agentes y los editores. Este es el mejor consejo que puedo darte: mejor lee el libro de Ezequiel; confía en mí. Lee sobre cómo anduvo sobre los huesos secos de gente que se había dado por vencida, que no tenía vida ni esperanza; hasta que, por la presencia de Ezequiel, volvieron a respirar, y volvieron a la vida. El mensaje es ten corazón, no te asustes: el espíritu nos revive. Un pueblo fue hecho completamente nuevo gracias a un suspiro, gracias a la brisa de la atención. Eso es algo increíble. Encuentra una comunidad de escritores a la cuál puedas pertenecer, que lea tus textos y te ayude a mejorar. Quizás tu puedas alentarlos a seguir escribiendo a la vez que ellos te alientan a ti. Y presta más atención a la vida. Haz tu trabajo lo mejor que puedas cada día. Sé la brisa.

*N. d. T.: en inglés, “carrera de ratas” (rat race) es una expresión que se refiere al estilo de vida acelerada y competitiva.

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