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Hola.

—Hola —me dijo la empleada detrás del mostrador— ¿En qué puedo ayudarte?

—Mirá, pagué todas las patentes pero perdí el recibo, así que necesitaba que me hagan algún documento que certifique que está todo pago.

—Bien, el libre deuda necesitás vos, cuesta 40 pesos.

—Bueno —le respondí, sacando dos billetes de 20 de la billetera.

—Ahora te lo hago, dame un segundo. ¿Cuál es la patente?

—GLB 931.

(Consultó su computadora unos momentos.)

—Hmmm. Acá no me figura nada con esa patente.

—¿Cómo que no? —me extrañé.

—No, no figura nada. ¿Es una moto o un auto?

—Una moto.

—A ver… No, nada. Te voy a pedir que me traigas los documentos de cuando la patentaste.

—Bueno. Pero es raro, porque ayer mismo entré al sitio web de la provincia y pude imprimir las boletas.

—No sé, me fijo de nuevo.

(Dos minutos después.)

—Tu apellido es Calzolari, ¿no?

—Sí.

—Sí, acá me aparecen tus datos, pero no me figura ninguna deuda con esa patente.

—Es que justamente yo lo que quiero es un certificado de que no tengo deuda, de que pagué todo.

—¡Ah, el libre deuda necesitás vos!

—Claro.

—Son 40 pesos.

—Bueno —le respondí, con la sensación de estar viviendo un déjà vu y alcanzándole los dos billetes.

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