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Hola.

There was a man of double deed,
Who sowed his garden full of seed;
When the seed began to grow,
‘Twas like a garden full of snow;
When the snow began to melt,
‘Twas like a ship without a belt;
When the ship began to sail,
‘Twas like a bird without a tail;
When the bird began to fly,
‘Twas like an eagle in the sky;
When the sky began to roar,
‘Twas like a lion at my door;
When my door began to crack,
‘Twas like a stick across my back;
When my back began to smart,
‘Twas like a penknife in my heart;
And when my heart began to bleed,
‘Twas death, and death, and death indeed.

Escuché recitar este poema anónimo a un personaje en el último capítulo de The Fall. Me pareció bastante impresionante, para ser honesto. No hay demasiada información al respecto, pero sí encontré un par análisis que me pareció que valía la pena traducir al español. Ahí van:

Este poema anónimo ejemplifica cómo la poesía puede unir la razón y la sinrazón, el método y la locura, de manera tan eficaz que los opuestos se convierten en parte de un único proceso. Los enlaces y las repeticiones parecen estar gobernados en parte por la rima y en parte por alguna fórmula obsesiva e hiperracional de causalidad. Como en los sueños o algunas formas de enfermedad mental, lo sistemático se convierte en una forma de trastorno. Aquí, la transición tonta pero ordenada de una cosa a otra se siente también fatídica e incisiva. Incluso la introducción repentina de la primera persona —”Fue como un león en mi puerta”— se siente como algo inevitable y predestinado, pero también loco e inesperado. La duplicidad de las acciones, la duplicidad de repeticiones enlazadas, la duplicidad de la rima pareada: ¿cómo pueden resolverse estos procesos dobles? Con la disruptiva y enfática triple repetición del verso final.

Robert Pinksy.

Este es un poema extraordinario. No proviene de ningún lado y no puedes averiguar nada sobre él. No tiene sentido pero procede desde un comienzo muy reconocible —un hombre sembrando semillas— hasta el inevitable final de todo el mundo. Me encanta la última línea, el modo en que la muerte simplemente vuelve a sí misma, dos veces, y no es similar a ningún otro verso.

Llamo a este tipo de poemas equiláteros, porque cada una de sus líneas parece tener el mismo peso. Es bastante difícil escribir de modo equilátero, a menudo hay una presión interna que fuerza al poema a ser brillante o adoptar forma de embudo. Por supuesto, no hay una forma poética mejor que otra, pero sí encuentro que los poemas equiláteros son increíblemente enérgicos. Me gusta la sensación de los versos raspándose los bordes entre sí, es como si se mantuvieran en lugar por decisión propia, como si aún estuvieran vivos.

Ésta es una rima sucia, y quizás contenga algo de inquietud maternal, algo de irritación reprimida. Las cosas no logran finalizar. Cada frase es un breve período de atención interrumpido por algo más: “Cuando las semillas comenzaron a crecer”, “Cuando la nieve comenzó a derretirse”, “Cuando el barco comenzó a navegar”. Y algunas incluso te golpean en la cara: “Fue como un palo en mi espalda”, “Fue como una navaja en mi corazón”.

A menudo la gente me dice que se inclinaron hacia la poesía en busca de comodidad, pero yo lo hice por incomodidad. Si me siento desconcentrada, este poema tiene la medida justa de trance y shock para volver a mí misma.

Luego está la inescrutable magia del símil. La poesía es en sí misma un símil del mundo, y este es un poema de poemas, un símil de símiles. Las líneas avanzan por similitud, en lugar de por causa y efecto. Como si describieran un lugar sin dimensión temporal, en el que sólo puedes acercarte a la muerte lateralmente, a través de la rima y la comparación. Así es de hecho cómo se ve la vida desde la imaginación.

Al fin y al cabo, la imaginación es todo un lado de la mente que lleva adelante su propia narración, incluso cuando su dueño no la está escuchando. Por esto, porque la imaginación sigue adelante a la par del trabajo del cerebro, todo lo que hacemos parece estar duplicado. Es definitivamente cierto, como dice el poema, que somos humanos de acciones dobles.

Alice Oswald, The Guardian Books Poetry.

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