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Hola.

Durante las cuatro horas que estuve varado, intenté mover el auto empujando con ayuda de gente que pasaba, tirando con un caballo, empujando con más gente, colocando tablas de madera debajo de las ruedas, empujando con todavía más gente, llamando a la grúa y buscando un tractor. La grúa no se quiso meter donde estaba el auto y el tractor no estaba.

—¿No viste el cartel que decía “Peligro, camino intransitable”? —me dijo mi viejo.

Ya totalmente a oscuras, el auto lo sacamos con la ayuda de cinco muchachos que llegaron con linternas y botas, y nos dijeron que ese día ya habían desencajado un camión y un auto. No sé cómo hicimos, pero lo movimos. En un momento incluso desplazamos el auto de manera lateral. Fue todo medio fascinante.

Luego me dijo uno de ellos que la pavimentación de ese camino ya había sido pagada varias veces pero que nunca se hizo, y que hubiese sido demasiado peligroso pasar la noche ahí.

Irme manejando con el barro hasta el cuello fue una de las sensaciones alivio más grandes que viví.

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