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Hola.

Ayer, martes 8 de febrero de 2011, salió publicado un mail mío en el diario El Sur, de mi ciudad:

2011-02-08-Nota-Diario

El texto es el siguiente:

Si fuera tan simple…

En los semáforos se te vienen tres o cuatro jóvenes encima, te preguntan si querés que te limpien el vidrio del auto. Te negás. Te dicen “dale, loco”, y sin esperar a que respondas te hacen un lavado rápido. Finalmente te piden una moneda, y se van. Y a vos te molesta. A mi también, me molesta.

Entonces nos decimos que “después usan la plata para comprar drogas”, porque es el argumento más fácil. Quizás sea cierto, quizás no siempre. Igualmente, toda la situación la reducimos a esta idea.

El tipo que limpia vidrios probablemente nunca tuvo una familia como la que tuviste vos. Vos estás leyendo este texto en internet, en un diario, lo estás escuchando, o lo que sea; me juego la cabeza a que recibiste un mínimo de educación como para estar donde estás en este preciso momento, vestido como estás, y haciendo lo que sea que hacés con tu vida. Esos chicos no.

Claro que es más fácil enojarse y decir “¿por qué no salen a laburar?”, o “¿por qué no van a la escuela?”. Pero, ¿qué podés esperar de un pibe que si mira para atrás ve pobreza y hambre, y si mira para adelante no ve ni la más mínima chance de salir de ese agujero? ¿Qué podés esperar de un pibe que se crió entre borrachos, pobres, drogadictos, robo, hambre y tristeza? Tu realidad es muy distinta a la de esos chicos.

“Pero ellos pudieron elegir estudiar, y en cambio eligieron ser unos vagos que piden monedas”. No, ellos no eligieron nada. No tuvieron padres que les expliquen lo importante que es estudiar, que los reten si no hacen la tarea. Ni siquiera que les expliquen qué es lo que está bien y lo que está mal.

¿Te es difícil de entender?

A mi me es muy difícil de entender. Y siempre me va a molestar cuando me limpien el vidrio del auto sin mi permiso, cuando me paren treinta personas pidiéndome monedas cada vez que bajo en Retiro, y demás. Pero es así.

Es tan complejo que deberíamos enojarnos con nosotros mismos por simplificarlo tanto.

Pero qué sé yo.

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